La cura de San Pablo de Yao

la-cura-de-san-pablo-de-yaoCuando se vio solo frente a aquella señora con un sangramiento desproporcionado en medio de la Sierra Maestra, Denis Gabriel Santos respiró profundo y dijo para sus adentros: “Esto lo resuelvo yo o el diablo vende billetes”.

La suerte es que no se turbó: estabilizó a la paciente a como pudo, aplicó los protocolos establecidos para casos de esa índole y se aseguró de remitirla con urgencia hacia Buey Arriba, porque hay padecimientos que, por más que él quiera, no puede curar desde un consultorio en San Pablo de Yao.

Hasta ese paraje de la cordillera oriental llegó Denis en septiembre pasado, acabadito de graduar, pero fue cuestión de que los guajiros mansos de por esos contornos lo miraran dos veces para comprender que les habían mandado un médico “como es debido”.

Así lo recalca Pedro Delfín López Gómez, vecino de San Pablo de Yao desde que nació hace tantos años que puede dárselas de historiador de la localidad y presume de conocer a todo el personal de la Salud que ha pasado por la comarca.

“Usted lo ve ahí, ecuánime, pero ese médico es una ardilla —ilustra Pedro—: va a esta casa a ver a un enfermo, cruza el río de piedra en piedra para hacer el terreno, atiende a cualquier hora… y luego, esa sonrisa maravillosa que transmite tanta confianza. Uno de verlo se siente curado”.

Semejante exageración, típicamente montuna, es acaso el mejor piropo para el joven galeno que, al decir de su esposa, la doctora Leydis Montejo, apenas tuvo tiempo de adaptarse a la comunidad: “El recibimiento aquí fue caliente, caliente”.

UN PUEBLO CON HISTORIA

Hasta San Pablo de Yao se sube por una carretera que, baches más, baches menos, resulta perfectamente transitable. La pendiente va embullándose, las palmas salpimentando el paisaje y llega el momento en que la Sierra Maestra arrecia y no queda más remedio que llenarse los ojos de montañas.

Pedro Delfín López jura y perjura que la gente se asentó allí por primera vez en 1869, cuando un grupo de bayameses plantó campamento en esos predios luego de incendiar la ciudad; y para probarlo no se vale de documentos ni actas capitulares, sino de la tradición oral del caserío que denominan Yao para andar ligeros.

De los trabajos que pasó en esos montes no hay quien le haga cuentos a Pedro. “Yo le puedo asegurar que antes del triunfo de la Revolución aquí nada más hubo un médico, y salió como perro que tumbó la lata cuando la guerra apretó”, explica.

Y para contrastar, vuelve a deshacerse en halagos hacia el doctor que tienen hoy: que ese muchacho es una eminencia, que atiende a una población dispersa por todas esas lomas, que debe ir a pie a las zonas más alejadas o montarse en un mulo prestado, que si después se arremanga la bata blanca y ayuda a cualquiera en su laboreo…

Todo ello sin que el médico lo escuche, porque ahora mismo anda, como casi todos los días, visitando a Salvador Carrión Escalona, un veterano de la Lucha Contra Bandidos que lleva cerca de una década encamado.

GUERRILLA AUDIOVISUAL

Hay quien dice que a San Pablo de Yao lo puso en el mapa la Televisión Serrana, esa especie de guerrilla audiovisual que durante años ha perpetuado los modos de vida del hombre de montaña.

Y hay también quien dice que no, que la Televisión Serrana se ha hecho famosa reflejando el día a día de los campesinos de la región tal como en realidad es, sin más aderezo que los rostros y los sonidos y los dilemas de la Sierra Maestra.

“Tiene de parte y parte”, parece decir con la mirada Pedro Delfín, orgulloso como está de haber salido en más de un material fílmico, y lo corrobora el médico con una frase rotunda: “Se puede decir que la Televisión Serrana es la institución que más nos apoya en San Pablo de Yao”.

Charlas, conversatorios y talleres de prevención sobre los más disímiles temas de salud figuran entre las acciones que emprenden en conjunto el sistema asistencial y la televisora de los montañeses; un empeño que, si bien no resuelve los problemas como por arte de magia, al menos no los pasa por debajo de la mesa.

“Aquí ya algunos le han cogido el gusto a eso de salir en la televisión —confiesa con cierta picardía una vecina que trae café—; pa’ mí que se creen que son actores”.

EL HÉROE DE YAO

En regresar a San Pablo de Yao, a su finca y a su gente pensaba el enfermero Luis Arjona Hernández mientras se cerraba herméticamente el traje blanco para adentrarse en la incertidumbre del ébola.

A Sierra Leona fue a dar ante el llamado del Ministerio de Salud Pública: “La gente me decía: Luis, ¿tú estás loco?, pero yo solo quería ayudar en lo que pudiera. Si estaba de ley que yo sobreviviera, volvería, y así mismo sucedió. Aquella fue una experiencia tremenda”.

Nadie se mantiene imperturbable ante una realidad como la del brote de ébola que asoló África Occidental, al punto en que Luis la describe con frases aisladas, como si no quisiera traerla de vuelta ni con el pensamiento: incompatible con la vida, terrible, extremadamente dura.

No ha vuelto a ser el mismo, pero la comunidad lo venera desde entonces como el héroe de bata blanca que representó el desmedido altruismo de los cubanos y, de paso, el de los montañeses de Yao, un recodo de la Sierra Maestra que, al decir de sus propios habitantes, “puede darse con una piedra en el pecho de estar bien cuidado”.

(Publicado originalmente en Granma)

2 Respuestas a “La cura de San Pablo de Yao

  1. Ya estas historias sobre Oriente se me estan pareciendo s la esclava Isaura.Otro capitulo mas y me corto las venas

  2. Mi comentario está pendiente de moderación… pero como Gisselle, de Cuba profunda publica cuando se es respetuoso y hay ajuste al tema…….

    Muy esperanzador que la periodista se dedique a recordarnos que todavia quedan, como ese doctor , Denis Gabriel Santo, de San Pablo de Yao, feliz de verse destacado en un lugar perdido en lo mas intricado de la Sierra Maestra, gente esforzada y honorable. Yo “conozco tan pocos” . Asi le dijo, en Juego de Tronos, el eunuco Varis a Lord Stark.lamentandose de las condiciones espantosas de la masmorra donde lo condujo, a Lord Stark no a este medico, tanta honorabilidad.

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