¿El canal de la familia cubana?

Es como si de pronto a la televisión nacional le hubiera dado por quedar bien con determinados programas, sacándolos de sus días y horarios habituales y dejándolos caer en paracaídas en las estelarísimas noches de Cubavisión, un proceso al que pudiéramos llamar “empoderamiento a la cañona”.

Supongo yo que el objetivo sea quedar bien con sus realizadores y públicos específicos —algunos, demasiado específicos—, porque en tiempos de cajitas decodificadoras y paquetes semanales, ya el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) no obliga a nadie a dispararse un espacio solo porque lo ha ubicado en la parrilla nocturna de Cubavisión. La gente tiene mandos de control remoto, tiene memorias USB y, simplemente, deja de ver.

La mudanza tuvo lugar cuando concluyó la programación de verano y desde entonces —o sea, desde hace dos meses— he esperado a que algún experto se dé cuenta; que algún investigador de rating, de esos que ganan un salario por revelar las estadísticas y los porqués, intente quedarse frente a Cubavisión cuando termine la novela, para no llevarlo muy tenso, digamos que solo de lunes a jueves.

El lunes a las 10 p.m. aparece Deudas, un espacio que, al menos yo, asimilaba mejor los sábados por la tarde, cuando encendía el televisor porque no había nada más que hacer y, de paso, escuchaba dos o tres respuestas del entrevistado de turno. Hay programas que se consumen así, con desenfado, y ello no debería ser motivo de stress.

El martes sube de tono la molestia, no solo porque series extranjeras de elevada factura y aceptación popular se llevan al borde de la medianoche —no sé si en el ICRT saben, pero miles de televidentes también trabajan—, sino sobre todo porque lo que ponen antes es Lo bueno no pasa, un programa esencialmente diseñado para recordar, y a esas horas de la noche el recuerdo suele llevar al sueño.

Al que de verdad yo quisiera tener enfrente es a quien decidió que el miércoles a las 9:40 p.m. es el mejor momento para transmitir Cuerda viva. No dudo que ese especialista me exponga la necesidad de promover a los jóvenes talentos y las tendencias alternativas de la música, preteridas por el mercado; y no dudo que tenga razón, que haya que fomentar lo underground, solo que no a costa de la incomodidad de un alto porcentaje de la audiencia que, a no dudarlo, tiene gustos más estandarizados. Que prueben a colocar A todo jazz, ¡Bravo! y Un palco en la ópera —que, por cierto, ¿todavía existe? — en horarios semejantes…

Ya para lo del jueves no encuentro justificación. A las 10 de la noche comienza el maratón de programas concebidos para elevarle al televidente la capacidad de asimilar de manera crítica los productos culturales: La pupila asombrada, Lente joven y Nota a nota; tres espacios imprescindibles en sus muy particulares ámbitos, pero que, colocados uno a continuación del otro, pecan por exceso de didactismo.

La pupila…, por ejemplo, descuella por el rigor analítico y la profundidad en la disección de los asuntos que aborda, casi siempre relacionados con el binomio política-sociedad; sin embargo, me pregunto si ubicarlo en ese punto de la parrilla de programación garantiza por default la atención del espectador; si ese mismo espectador no estará un poco cansado de que le orienten qué consumir y cómo.

(Sobre Lente joven, apenas una duda: el momento en que comparece el invitado, ¿está concebido a modo de entrevista o como sección de crítica? Si lo que se propone es un diálogo, el conductor debería recordar que para presumir de erudición está el entrevistado).

Del lado de acá de la pantalla, solo me queda la opción de suponer: que en el departamento de programación no han superado las teorías hipodérmicas de la Comunicación y conciben al receptor como un ente subordinado por completo a la intención del emisor, o que sí saben de medios y mediaciones, pero prefieren mirar para otro lado mientras se disparan los índices de audiencia del paquete semanal.

Le llaman el canal de la familia cubana, pero en el horario estelar de las noches Cubavisión se parece cada vez menos a las familias cubanas que conozco.

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