Diario de adolescencia

Me parece estar viviéndolo de nuevo: el aula de décimo grado desbocada en la efervescencia del receso, las sillas chirriando en la media hora de caos que nos estaba permitida entre las sesiones de trigonometría y la pensión de Papá Goriot, el entra y sale típico a esas alturas de la adolescencia. Lo que se dice un día normal en los preuniversitarios de principios de … Continúa leyendo Diario de adolescencia

Que Palmas y cañas no me pierdo yo

No sé en el resto de los hogares cubanos, pero en el que me crié se respetaba las siete de la tarde del domingo como una hora sacramental. En tiempos de pelota o huracanes, días de cumpleaños o conmemoraciones nacionales, mis abuelos hacían caso omiso del contexto y, “comidos” y bañados desde antes, se sentaban a disfrutar de Palmas y cañas, el estelar campesino de … Continúa leyendo Que Palmas y cañas no me pierdo yo

La parábola del trueque

He vuelto a escuchar un pregón que creí desaparecido hace casi 20 años: “Cambio espejos por malanga, ropa por frijoles, toallas por arroz…” y un larguísimo rosario de trueques que se me fueron haciendo ininteligibles a medida que las mujeres se alejaban por el pasillo del 12 plantas. Sucedió un domingo al mediodía, esa hora en que el sopor y las propuestas de la televisión … Continúa leyendo La parábola del trueque

Don’t cry for me, Argentina

“Ñico, justifícame como puedas: di que estoy enferma, que tengo problemas personales, descuéntame el día; menos decir que voy con la niña a otro concurso, lo que tú quieras”, le dijo Anita a su jefe mientras salía de la oficina, con la cartera en una mano y conmigo, de completo uniforme, en la otra. Él no intentó persuadirla por dos razones igualmente poderosas: en primera, … Continúa leyendo Don’t cry for me, Argentina

Ritual de mayo

Sobre la cama de un LIAZ, una maza de ingenio que por aquel entonces me parecía gigantesca; también sobre el camión, entre la imponente mole de hierro y las barandas, un piquete de improvisados congueros le cantaban lo mismo al esfuerzo proletario que a alguna deidad yoruba mientras se pasaban una botella de dudosa procedencia. “Para mantener el ritmo”, decían. Detrás, el resto de los … Continúa leyendo Ritual de mayo

Entre la oferta y la demanda

“Esto me da un post”, rezongué mientras me acomodaba sin demasiado entusiasmo en el asiento delantero del almendrón y, con menos entusiasmo todavía, le alargaba 40 pesos al chofer, 10 más de lo que suelen pedir por el viaje entre Santa Clara y Sagua. Era el fin de semana de las madres: la gente ansiosa por llegar a sus casas, el transporte estatal tan lánguido … Continúa leyendo Entre la oferta y la demanda

Si tú no me quieres ya

Si dependiera de mí, los trovadores, tríos y septetos cubanos no tendrían necesidad de cambiar el repertorio. Cada vez que se acercan para que les solicite un tema -“uno solo, el que más le guste”- siempre termino pidiendo, con cara de chiquilla melancólica, la canción que inmortalizó a María Teresa Vera y que a mí, de toda la vida, me ha parecido el himno de … Continúa leyendo Si tú no me quieres ya

Amagos de independencia

He encontrado, en medio de la papelería que no me atrevo a botar ni a poner en orden de una buena vez, la foto que debería ilustrar el post de este miércoles: mi propia imagen suspendida en el instante de cumplir los 13 años. La hallé durante mi más reciente viaje a Sagua pero decidí no publicarla -al menos sobre mis pertenencias tengo potestad, ¿no?-, … Continúa leyendo Amagos de independencia

Un rayo en el Vaticano

“Por lo que más tú quieras, niña, no te hagas monja”, me decía mi abuelo cuando empezó a percibir mi puntualidad para asistir a misa y a catequesis. Con la foto de su hermana cerrada de negro y las historias que ella le contaba del claustro pretendía apaciguarme el entusiasmo por un camino para el cual yo misma descubriría luego que no tengo vocación. Hasta … Continúa leyendo Un rayo en el Vaticano

En cuarentena

Del otro lado de la línea telefónica, Anita me atiborra de recomendaciones: “Hierve el agua, compra hipoclorito, no se te ocurra comer ni tomar nada en la calle, ni café, ¿me oíste? ¡Ni café!”, y recalca el “ni café” a sabiendas de que esa parte de la orden no pienso obedecerla. Para tranquilizarla -y de paso tranquilizarme haciéndole creer que todo está bien-, le recuerdo … Continúa leyendo En cuarentena