Seis minutos y 20 segundos

Puede que no sea comunista, como han comenzado a calificarla los de la Asociación Nacional del Rifle. Lo más seguro es que no sea comunista, rectifico, pero tampoco tiene que serlo para que yo admire la determinación con que se ha plantado por el control de armas. Se llama Emma González y es descendiente de cubanos. No se suponía que debiera pasar por lo que … Continúa leyendo Seis minutos y 20 segundos

Érase una vez el guajiro

La puerta se abrió con el primer puntapié: “Te lo dije, Elisa, teníamos que haberla hecho más fuerte”, expresaría luego Lorenzo, reconstruyendo paso a paso la escena que acababa de vivir. Cuando vio a los guardias rurales escopeta en mano solo atinó a recoger los bultos, a los muchachos, y a echar una última hojeada a su bohío. De tablas de palma mal pulida y … Continúa leyendo Érase una vez el guajiro

Arroz, frijoles, ¿y qué más?

Si antes del huracán Irma alguien me hubiese dicho que yo iba a extrañar tanto el plátano burro, que iba a hacer colas de tres horas para comprar cinco o seis manos y que el otro plátano, al que llaman criollo o macho, en varios meses no lo volvería a ver; si alguien me lo hubiera dicho probablemente no lo hubiese creído. Porque una cosa … Continúa leyendo Arroz, frijoles, ¿y qué más?

Una casa con la guayabera al codo

Cuando en octubre de 2010 la cancillería estableció “el uso de la guayabera como prenda de vestir en los actos del ceremonial diplomático del Estado cubano y de su Gobierno”, Carlo Figueroa y el equipo de promotores voluntarios que había comenzado a revolucionar la vida cultural de Sancti Spíritus lo interpretaron como una conquista personal. La resolución tomaba en cuenta la autenticidad y cubanía de … Continúa leyendo Una casa con la guayabera al codo

Afanosa busqué mi bandera

I Pudo ser 9 de abril, Primero de Mayo, 26 de julio, 10 de octubre… cualquiera de las fechas históricas que mi abuela veneraba con fruición de la niña pobre que fue y que, de pronto, con el triunfo de la Revolución, alcanza a ver a sus tres hijos en la universidad. Mi abuela, que me enseñó a venerar a Fidel y a Santa Bárbara, … Continúa leyendo Afanosa busqué mi bandera

Señas de lo que quiere La Habana

El cubano de a pie, preocupado por los precios en el agro y las incertidumbres del transporte, no sabe aquilatar bien la cifra cuando se la dicen así, en medio de un reporte de televisión: Cuba necesita captar al menos 2.500 millones de dólares anuales de inversión extranjera si es que pretende conseguir un crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto. Como si el concepto de … Continúa leyendo Señas de lo que quiere La Habana

¿Por qué no llueve café en el campo?

A sus 71 años, Ernesto Martín debe ser el único guajiro del Escambray que no se levanta directo al primer buche de café de la mañana. Dejó de gustarle hace décadas, cuando su mujer intentó mudarse del colador a la cafetera y la explosión le dejó un hueco en el techo de la casa. “A ella no le pasó nada, por suerte —describe mientras le … Continúa leyendo ¿Por qué no llueve café en el campo?

Premios Lucas: cuando ya nadie se acuerda

Para ilustrar el respeto del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) por su audiencia, basta un dato al azar: las galas de premiación del proyecto Lucas, acaso el evento de su tipo Made in Cuba más esperado por los públicos, tuvieron lugar en el teatro Karl Marx de La Habana los días 28 y 29 de noviembre de 2015 y aparecen en las pantallas … Continúa leyendo Premios Lucas: cuando ya nadie se acuerda

El campo, la ciudad y los perros

Tienen las mismas cuatro patas y la misma expresión de fidelidad en la mirada, pero los perros de ciudad no son exactamente iguales a los perros de campo; como los humanos que habitan aquellos lares, que por más cruzadas teatrales que se inventen para animarles las noches de Pascuas a San Juan; por más planes asistenciales que se dibujen en papeles y, solo a ratos, … Continúa leyendo El campo, la ciudad y los perros

La mansión itálica del valle

Don Pedro Malibrán y Santibáñez no tuvo más que subir la colina, arreglarse el traje aún ensopado por el esfuerzo y mirar en derredor. “Compro el terreno”, dijo sin titubeos y emprendió cuesta abajo, tan ansioso por pagar los 18 000 pesos como por erigir el feudo que había empezado a imaginarse cuando vio el valle entero a sus pies. Y no se equivocaba: el … Continúa leyendo La mansión itálica del valle