La guerra del Escambray

Cuando mi abuela decía que sus hermanos Gaita y Curbino habían participado en la limpia del Escambray le brillaban los ojos. Y yo, que me pasaba la vida tratando de meter la cuchareta en las conversaciones de los mayores, no podía entender qué de heroico había en subir y bajar lomas con una escoba en la mano. Creía yo que la limpia del Escambray era … Continúa leyendo La guerra del Escambray

Un médico de verdad

Si algo tiene Farallones es el nombre bien puesto. Esculpido a cincel limpio en la montaña, el caserío pareciera levantado sobre lascas y más lascas en la abrupta topografía del macizo Nipe-Sagua-Baracoa. Para llegar hasta Farallones, incluso, hay que remontar una carretera de un pedregoso casi lunar y esquivar no pocos despeñaderos. Nada en aquellas crestas filosas recuerda a Moa, el emporio cubano del níquel, … Continúa leyendo Un médico de verdad

Todavía quedan guapos en Yateras

Uno lo ve así, inofensivo entre las piedras, dejándose cruzar de dos zancadas, y no es capaz de imaginar que el río Palenque se ensanche tanto con el primer aguacero. Los vecinos que viven en sus márgenes lo describen cinematográficamente: es cuestión de que llueva, el agua se escurra de las lomas y venga a parar al cauce que, de repente, deja de medir unas … Continúa leyendo Todavía quedan guapos en Yateras

El cuento de Bonilla

Para Dayamis y Brito, que lo vivieron en tiempo real. Para Castellanos, donde quiera que esté. Bonilla se llamaba el hombre, y era un negro alto y corpulento al que habían escogido como delegado en Corina para que toreara los problemas de la comunidad. Y al parecer habían escogido bien, porque cuando llegué dando tumbos a aquel paraje medio perdido en el monte de Fomento … Continúa leyendo El cuento de Bonilla

Si la ciudad no va a la montaña

Los guajiros del Escambray han aprendido a identificar a los periodistas desde que llegan. Por el deslumbramiento, dicen, porque lo miran todo como si las matas, el café en jícara y los hombres a caballo fueran cosas de otro mundo. “Y apuntan lo que uno les explica en una libretica para que después no se les olvide”, me reprocha Arturo González, uno de los arrieros … Continúa leyendo Si la ciudad no va a la montaña

Méyer y el diluvio por venir

Rodeados de lomas por todos los contornos, los habitantes de Méyer, en pleno Escambray, se valen de una frase ocurrente para sortear con humor los escollos de la nostalgia: “Vivimos en un hueco que se va a tragar la presa”, dicen, y sin que se les humedezcan los ojos ni anden lamentándose por dejar la tierra donde criaron a sus hijos rematan con gracejo trinitario: … Continúa leyendo Méyer y el diluvio por venir

El campo, la ciudad y los perros

Tienen las mismas cuatro patas y la misma expresión de fidelidad en la mirada, pero los perros de ciudad no son exactamente iguales a los perros de campo; como los humanos que habitan aquellos lares, que por más cruzadas teatrales que se inventen para animarles las noches de Pascuas a San Juan; por más planes asistenciales que se dibujen en papeles y, solo a ratos, … Continúa leyendo El campo, la ciudad y los perros

La parábola del trueque

He vuelto a escuchar un pregón que creí desaparecido hace casi 20 años: “Cambio espejos por malanga, ropa por frijoles, toallas por arroz…” y un larguísimo rosario de trueques que se me fueron haciendo ininteligibles a medida que las mujeres se alejaban por el pasillo del 12 plantas. Sucedió un domingo al mediodía, esa hora en que el sopor y las propuestas de la televisión … Continúa leyendo La parábola del trueque

Leyendo periódicos viejos

Si no fuera por la insistencia con que la radio y la televisión repiten las informaciones y porque las señales de ambos medios se captan en casi todo el territorio, miles de pobladores de zonas rurales y de difícil acceso de Sancti Spíritus -como sus homólogos del resto de la isla- pudieran estar viviendo hoy en el país de hace dos días. O de tres, … Continúa leyendo Leyendo periódicos viejos

En un viaje de consuelo

El 20 de marzo en que cumplí 15 años no fue precisamente como me lo figuré: en lugar de la tradicional fiesta con bombos, platillos y lucecitas para escena, mis padres me regalaron un largo viaje a La Habana, no tanto para deslumbrarme con la capital porque ya había desandado su Centro Histórico y sus áreas suburbanas otras muchas veces, sino para curarme la nostalgia, … Continúa leyendo En un viaje de consuelo