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La gente cree que el mar es fácil

la-gente-cree-que-el-mar-es-facil“Muchacho, ¿de verdad que tú creíste que en ese tareco ibas a llegar a alguna parte?”, le dice Emilio mientras le enseña, una por una, las hendijas que habían comenzado a minar la quilla del barco.

Bocarriba sobre la costa, la embarcación ya no parecía esa especie de Titanic que se imaginaban sus constructores, unos guajiros de monte adentro que poco saben de marejadas ni de corrientes marinas, mucho menos de cómo armar un bote con madera todavía verde, un motor de tractor y un centenar de puntillas jorobadas.

A empujones habían llevado el artefacto hasta la costa, le habían trepado siete u ocho personas, dos niños incluidos, y estaban dando tiempo a que el mar fuera un plato; pero ni con el mar en calma hubieran podido llegar más allá del veril, ese límite de la plataforma en que el agua comienza a ponerse oscura y hasta los más curtidos lo piensan dos veces antes de aventurarse.

“La gente cree que el mar es fácil, que cualquier cosa flota, por eso después usted oye los cuentos de los desaparecidos y los ahogados”. Y para asegurarlo así, rotundamente, nadie como Emilio Morales Herrera, un cienfueguero que está en el mar desde los 17 años, es capitán de barco desde 1976 y fue pescado a cordel por una mujerona de Tunas de Zaza.

La historia que narra no ocurrió en pleno boom de los balseros, en los años 90, sino hace dos meses, “ayer mismo, como quien dice”; y a la embarcación no le habían puesto rumbo norte, como la lógica y el sentido común indican, sino proa al sur, una ruta con escala temporal en Islas Caimán. Sigue leyendo

¿Ayotzinapa somos todos?

Ayotzinapa somos todos“El crimen nos Iguala”. Jorge Drexler

Sacaron del camión los cuerpos. Casi todos, vivos; unos 10 o 12, ya asfixiados por el aire que entraba a cuentagotas y el peso de los compañeros que les fueron cayendo encima. Alguno llegó a sentir cómo crujieron bajo sus costillas las costillas de otro, inerte.

No hubo piedad para los estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa. No hubo un minuto de cabildeos, de “no los maten, son tan jóvenes…”; un segundo siquiera de duda antes de ultimarlos con la bala que les estaba destinada desde que, horas antes, la mismísima policía los entregara a Guerreros Unidos, ese ejército del terror que campea por su respeto en Iguala.

Les dispararon a mansalva, como a conejos; sostenidos de los brazos y las piernas, los columpiaron para tomar impulso y los lanzaron luego al centro de la quebrada donde se fueron apilonando, uno sobre otro, en una especie de pira funeraria más digna de los sacrificios aztecas descritos en las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, que de la sociedad civilizada y próspera que se pretende México. Sigue leyendo

La zurda de Dios

La zurda de DiosCuando golpeó el balón con la mano izquierda, el 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona ni siquiera lo pensó: desaforado y teatral, como ha sido desde entonces, se lanzó en una carrera vertiginosa sobre la grama del Estadio Azteca de Ciudad México, se dejó caer de rodillas frente al graderío, se estiró la camiseta, alentó la euforia de la muchedumbre con sus gritos de guerra… En fin, simuló un gol.

El árbitro, que debe andar aturdido aún por los aspavientos del argentino, no podía imaginar que 28 años más tarde Maradona alardearía frente a las cámaras por aquel gol que no fue, al punto de preferirlo por sobre sus jugadas memorables, incluida la que protagonizara apenas unos minutos después en el mismo partido frente a Inglaterra y que los expertos han calificado como la más espectacular de la historia. Sigue leyendo