Archivo de la etiqueta: Sierra Maestra

La cura de San Pablo de Yao

la-cura-de-san-pablo-de-yaoCuando se vio solo frente a aquella señora con un sangramiento desproporcionado en medio de la Sierra Maestra, Denis Gabriel Santos respiró profundo y dijo para sus adentros: “Esto lo resuelvo yo o el diablo vende billetes”.

La suerte es que no se turbó: estabilizó a la paciente a como pudo, aplicó los protocolos establecidos para casos de esa índole y se aseguró de remitirla con urgencia hacia Buey Arriba, porque hay padecimientos que, por más que él quiera, no puede curar desde un consultorio en San Pablo de Yao.

Hasta ese paraje de la cordillera oriental llegó Denis en septiembre pasado, acabadito de graduar, pero fue cuestión de que los guajiros mansos de por esos contornos lo miraran dos veces para comprender que les habían mandado un médico “como es debido”.

Así lo recalca Pedro Delfín López Gómez, vecino de San Pablo de Yao desde que nació hace tantos años que puede dárselas de historiador de la localidad y presume de conocer a todo el personal de la Salud que ha pasado por la comarca.

“Usted lo ve ahí, ecuánime, pero ese médico es una ardilla —ilustra Pedro—: va a esta casa a ver a un enfermo, cruza el río de piedra en piedra para hacer el terreno, atiende a cualquier hora… y luego, esa sonrisa maravillosa que transmite tanta confianza. Uno de verlo se siente curado”. Sigue leyendo

Iré a Santiago

Iré a SantiagoYa no puedo decir, con cara de gata triste: “Nunca he pasado de Ciego de Ávila”. Semejante excusa me bastaba para ilustrar mi desconocimiento sobre la geografía del Oriente cubano y hasta para suplicarle a cuantos choferes conozco que me llevaran en un viaje del que había imaginado hasta sus más triviales detalles.

Me cayó del cielo cuando menos lo esperaba, como suelen suceder las mejores experiencias de la vida. Enrolada a última hora en una peculiar expedición de periodistas espirituanos, rebasé la frontera entre Ciego de Ávila y Camagüey y, con ella, dejaba definitivamente atrás mi insatisfacción de tantos años. Sigue leyendo

El descarnado precio de la inmortalidad

En medio de la finca San Lorenzo, desamparado y venido a menos, Carlos Manuel de Céspedes debió pensar más de una vez que nada de lo que hizo valió la pena, ni el haberse adelantado a la fecha de alzamiento, ni las penurias que sorteó en la manigua, siendo -como en realidad era- uno de los hacendados más ricos del Oriente de Cuba; mucho menos aquella frase que de seguro recordó en el instante postrero: “Oscar no es mi único hijo; yo soy el padre de todos los cubanos”.

Sin embargo, los hijos de entonces le fueron bien ingratos. Desde el propio 10 de octubre de 1868 algunos comenzaron a interpretar el gesto temerario de haber liberado a sus esclavos, no tanto como prueba de la radicalidad de su pensamiento, sino como la jugada estratégica que le permitiría erigirse en patriarca imprescindible y elevar su voz por sobre los demás para aprobar o censurar los destinos futuros de la guerra. Sigue leyendo