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Todavía quedan guapos en Yateras

todavia-quedan-guapos-en-yaterasUno lo ve así, inofensivo entre las piedras, dejándose cruzar de dos zancadas, y no es capaz de imaginar que el río Palenque se ensanche tanto con el primer aguacero.

Los vecinos que viven en sus márgenes lo describen cinematográficamente: es cuestión de que llueva, el agua se escurra de las lomas y venga a parar al cauce que, de repente, deja de medir unas cuantas pulgadas de ancho para abarcar cientos de metros. Se vuelve entonces una gran empalizada que arrasa con lo que encuentre a su paso: sembrados, caminos, carretones mal puestos…

No es que lo cuenten los guajiros, que tienen fama de fabuladores y exagerados; es que lo gritan a todo pecho las marcas que el propio río ha ido tallando en las orillas. Marcas de las crecidas que han conformado la peculiar topografía de aquellos recónditos parajes de Yateras.

La última gran avenida la tienen fresca en la memoria: cuando los vientos huracanados de Matthew mordieron con saña el extremo oriental de Guantánamo, en las montañas de Yateras cayó un diluvio. A pique se fue el puente que enlaza a la cabecera del municipio con la capital provincial, y loma arriba todos los ríos crecieron.

Más de 15 días estuvieron incomunicados los pobladores de Palenque Arriba, una comunidad a la que se llega después de cruzar siete veces el mismo río. Más de 15 días con sus noches, con sus respectivas angustias y, gracias a Dios y al personal médico, sin ninguna emergencia sanitaria. Sigue leyendo

La mitad del agua

La mitad del aguaLos pobladores de Seibabo, en el macizo montañoso trinitario, parecen no estar al tanto de la división político-administrativa que a fuerza de varias décadas ya no luce tan nueva. Cruzan una y otra vez el río que marca la frontera entre Villa Clara y Sancti Spíritus con la naturalidad del Escambray mismo, sin resabios ni mezquindades provincianas, como si el lomerío entero perteneciese a Las Villas de antaño.

Jamás se detienen a contar los pasos que dan sobre la raya roja, esa suerte de línea definitiva que los cartógrafos dibujaron sobre el carmelita de los mapas sin inmutarse por las familias que quedaron dispersas a ambos lados.

Han aprendido entonces los serranos a convivir en los límites y a transgredirlos desde que en 1976 el macizo de Guamuhaya quedara repartido entre las tres provincias centrales y cada una de ellas ejerciera jurisdicción sobre sus dominios. Acostumbrados al monte que poco entiende de bordes y esquematismos, los lugareños no padecen de tales disyuntivas geográficas. Sigue leyendo