Archivo de la categoría: Estampas cotidianas

Gasolina especial en veda por el momento

En vigor desde el pasado 1 de abril, la orientación nacional de limitar la venta de gasolina especial o de alto octanaje (la llamada B 94) solo a los vehículos del Turismo y personal diplomático es una medida transitoria, confirman directivos de Cimex, quienes sin embargo aseguran no conocer hasta cuándo se extenderá la actual coyuntura.

Irregularidades en el suministro de la B 94, un tipo de gasolina que no se refina en Cuba y, por tanto, el país importa en su totalidad, determinaron la sustitución de este combustible en el mercado interno por gasolina regular, significan las referidas fuentes.

Según Miguel Miguel Romero, especialista de servicentros de la sucursal Cimex Sancti Spíritus, desde principios de mes se concentró la venta de B 94 para los clientes autorizados en las unidades Oro Negro Yayabo, Kilómetro 336 y Centro Comercial Trinidad, a los que posteriormente se sumó el Servicupet de Yaguajay.

En el resto de los servicentros de la provincia donde aún quedaba gasolina especial se decidió continuar el expendio en efectivo hasta que se agotara, explica Miguel Romero. Sigue leyendo

Con pie derecho

Una llega colgando de dos muletas, con las indicaciones del fisiatra estampadas en un talonario, las placas del pie fracturado por si hicieran falta y una cara de susto que se nota a la legua. Una llega así, desconsolada, pensando que demorará meses en caminar después del virón de pie más tonto que ojos humanos han visto, y sucede que a los cuatro o cinco días ya va dejando las muletas regadas.

“Lo que esta gente ha hecho contigo es magia”, me dice una amiga que vivió en tiempo real mi fractura del empeine en pleno centro histórico de Bayamo, el yeso que me encasquetaron hasta la rodilla y lo endeble que quedó la pierna luego de casi 40 días sin movimiento.

“Magia, magia”, repite deslumbrada, y yo le aclaro que no, que devolver la vitalidad corporal perdida es cuestión de ciencia, y que “esta gente”, como ella los llama, son los más de 20 especialistas y técnicos de la Sala de Rehabilitación Integral (SRI) del policlínico de Olivos I, de Sancti Spíritus, que si algún ensalmo místico dominan es el del cariño.

No es que lo diga yo, que me confieso obnubilada con la atención de Primer Mundo; es que lo afirman la señora que lleva años apaciguando con corrientes y masajes y ventosas los dolores en la cervical, la madre de una bebé que muestra signos evidentes de retraso muscular, el guajiro que viene a fortalecerse la muñeca a base de magnetoterapia… pacientes y más pacientes hasta rondar la elevadísima cifra de 300 diarios. Sigue leyendo

El año de 1984

Esperaba tanto de 1984, de George Orwell, que comencé a leerlo pero tuve que dejarlo, como se dejan los novios demasiado sosos o demasiado predecibles. Tanto me hablaban del libro —“tienes que sacarlo de abajo de la tierra”, me habían dicho—, que cuando finalmente lo encontré muerto del aburrimiento en un anaquel de la librería de Sancti Spíritus me le tiré con un desespero incomprensible para la vendedora.

Es lo que me pasa siempre que me llenan la cabeza con los guisasos de la expectativa, que termino queriendo que las cosas sucedan luego como yo me las había imaginado; en este caso, que la historia del libro fuera tan alucinante como las interpretaciones desproporcionadas que me habían contado.

Me pasó antes con El perfume, recién desembarcada en la adolescencia. Hice el nueve en la cola para el único volumen que tenía una compañera de aula y me lo leí en tres días, pero si me matan ahora mismo solo sabría describir la sensación de “¿ya?, ¿para esto tanto lío?” cuando terminé la última línea del último capítulo. No es lo mismo, claro está, leer a los 13 años la historia del asesino en serie de Patrick Suskind, que a los 33 la del hombre aplastado por la maquinaria del Gran Hermano. Sigue leyendo

Con el freno en las patentes

Desde el 10 de marzo de 2017, cuando el Consejo de la Administración Provincial (CAP) de Sancti Spíritus aprobó la disposición, hasta el pasado 1 de abril, cuando el periódico Escambray la hizo pública, la gente se había ido enterando a cuentagotas, a medida que acudía a las direcciones de Trabajo y Seguridad Social en cada municipio.

“Por favor, vengo a solicitar una patente como desmochador de palmas”. Sin problemas. “Mi vida, para sacar licencia como forrador de botones”. Aquí la tiene. “Corazón, ¿cómo hago para que me autoricen a trasquilar ovejas?”.

El paraguas se traba, sin embargo, cuando los interesados optan por alguna de las actividades del trabajo por cuenta propia que el CAP espirituano tuvo a bien regular. Y por “regular” se entiende, al menos en este caso específico, suspender el otorgamiento de licencias.

Según Escambray, que a su vez cita un informe al que tuvo acceso, tal determinación “se tomó hasta tanto se concluyan las modificaciones de las normas jurídicas, el proceso para su implementación y la comprobación de que se ajustan a lo establecido”. O sea, que hasta nuevo aviso en Sancti Spíritus —no me queda claro si sobrecumpliendo alguna orientación nacional— no se emitirán más permisos de trabajo en las siguientes actividades: Sigue leyendo

¿Círculos infantiles, nanas o “daycares”?

Con el niño de un año y medio en brazos y, en el bolso, una kilométrica lista de cuidadoras con sus respectivos nombres, seudónimos y direcciones, Dariela Álvarez peinó durante días la ciudad de Sancti Spíritus: subió y bajó edificios multifamiliares, comprobó la higiene de las “candidatas” y hasta revisó los patios de las casas con un rigor que hubieran envidiado los operarios de vectores.

“Yo estaba desesperada por comenzar a trabajar, pero tampoco iba a dejar a Abel Ernesto con cualquiera”, explica ahora, mientras su pequeño pone patas arriba la sala de la “tía” que cumple todos los requisitos: limpia, dulce y con pocos niños a su cargo.

Visitó más de 20 mujeres, algunas con licencia emitida por la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social; otras, que ejercen sin autorización y, por tanto, no pagan patente. Sin embargo, no visitó, porque no estaba para perder el tiempo, ninguno de los 11 círculos infantiles que existen en la capital provincial.

Dariela no trabaja ni en Salud ni en Educación, sectores tradicionalmente priorizados en el otorgamiento de capacidades para estos centros, sino como mesera en un paladar, con lo cual ella misma descartó la remota ilusión de que le concedieran una plaza a su hijo. Sigue leyendo