Se buscan arquitectos para negocios privados

Se buscan arquitectos para negocios privadosEn la vida real, la China es dueña de un restaurante que tiene recibidor, bar, salón con 11 mesas, reservado, baño unisex, cocina, área de conformado, almacén y otro baño para los trabajadores de servicio. Eso es en la vida real, porque en el universo paralelo de las licencias constructivas, el paladar de la China fue remodelado como una casa de vivienda con habitaciones desproporcionadas.

Lo explico tal y como me lo explica ella mientras despliega sobre la barra croquis, esbozos, listados de materiales: “Sucede que tú puedes montar un negocio, ofrecer un servicio público y pagarle puntualmente a la ONAT como elaborador-vendedor de alimentos; pero en los planos, el recibidor aparece como la sala, el salón principal es un cuarto enorme y el reservado viene siendo un cuartico más pequeño. Por suerte, la cocina sí es la cocina, en el paladar y en los planos”.

Sería hasta cómico si no fuese en verdad tan grave: los trabajadores por cuenta propia —que para determinados asuntos funcionan como personas naturales, para otros como personas jurídicas y en algunos casos se mantienen en un limbo preocupante— no pueden contratar al arquitecto que prefieran para que diseñe y calcule sus espacios.

No pueden, básicamente, porque el arquitecto no está autorizado para ejercer su profesión por su cuenta y riesgo, sino subordinado a las grandes empresas estatales, por lo general a cargo de los grandes proyectos constructivos estatales, o subordinado a la red de Oficinas del Arquitecto de la Comunidad, una entelequia cuyo propósito es satisfacer las necesidades de las llamadas personas naturales. Sigue leyendo

El oro de Motembo

El oro de MotemboDecir Motembo en Sagua era decir la Siberia, un paraje intrincado y agreste en el que convivían de forma casi tribal los adolescentes de la región cuando les tocaban los 45 días de la llamada escuela al campo.

Decir Motembo era decir entonces móntate en un camión con una maleta de madera, desembarca en medio de la nada para contribuir con la cosecha de cultivos varios y prepárate para que las visitas familiares se repitieran con la frecuencia del cometa Halley.

Por suerte, cuando me tocó a mí, la escuela al campo ya no duraba 45 días sino un mes, y el campamento se había mudado para los Mogotes de Jumagua, prácticamente a un brinco de la ciudad, de modo que la referencia a Motembo quedó como un mito instalado en la memoria afectiva de mis contemporáneos.

“¿Te quejas por 30 días en los mogotes? Tú no sabes lo que es una escuela al campo en Motembo”, solían alardear nuestros padres en franca referencia a la heroicidad de su generación y a la cobardía de la nuestra. Hoy pueden presumir frente a sus nietos —de hecho, algunos lo hacen— con un “tú no sabes lo es una escuela al campo”, a secas.

Y dejé de escuchar las historias de hamacas de saco y de las dietas a base de papa hervida y de todo cuanto tuviera que ver con aquella suerte de espejismo que, para los sagüeros bitongos que fuimos, era Motembo; un sitio del que me había olvidado sin cargo de conciencia alguno hasta que un reporte de prensa me recordó que ocupa un lugar en el mundo. Más bien, un lugar en Cuba, a 80 kilómetros de mi casa. Sigue leyendo

Un Santiago a la medida espirituana

Un Santiago a la medida espirituanaLos organizadores del Santiago Espirituano ya deberían estar acostumbrados a la ingratitud: por más que se esfuerzan, por más que intentan exprimir los presupuestos para pagar a orquestas del llamado “primer nivel”, por más que miden con pie de rey hasta los metros cúbicos de hielo en las carpas, la gente que vive el jolgorio tradicional de por estos lares nunca está 100 por ciento satisfecha.

Sucede con la celebración espirituana como con la pelota, que todo el mundo se cree experto, cada cual la estructuraría a su modo y los nostálgicos empedernidos se la pasan comparándola con la de otros tiempos, que por esos filtros y tragaluces del recuerdo terminan siendo mejores. Para ser justos, no solo por los tragaluces del recuerdo.

Sin hablar del agua en la cerveza de pipa o el añejamiento de los lechones de esquina, temas que ya alcanzan categoría de leyenda urbana, los carnavales yayaberos suelen dejar tela para cortar de año en año: que si las carrozas tiradas por tractores son un monumento al kitsch, que si la competencia de calles engalanadas sobrevive por respiración artificial, que si las áreas bailables las han sacado tanto del centro del pueblo que ahorita van a dar al estadio José Antonio Huelga… Sigue leyendo

Reporte del día después

Reporte del día despuésCuando terminó todo, hace apenas unas horas, y la adrenalina comenzó a bajar y el sueño acumulado de días y días dijo aquí estoy yo, es que consigo ver las cosas en perspectiva: nunca antes, en casi nueve años de ejercicio profesional, había trabajado tanto.

Ni los temporales que obligan a evacuar Tunas de Zaza de ahora para ahorita, ni los accidentes que hacen sonar el teléfono a las dos de la madrugada, ni los kilométricos festejos por el medio milenio de dos villas con apenas cinco meses de diferencia; ninguna de esas coberturas de contingencia voltearon patas arriba mis de por sí azarosos itinerarios como esta especie de tsunami que sacudió la provincia de costa a costa y cambió el día por la noche en la redacción de Escambray.

Y es que el aniversario 63 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes no fue solo el acto de poco más de una hora que Cuba entera vio por la televisión nacional —primero, en vivo, y después, en retransmisión—; el Día de la Rebeldía Nacional sacó a Sancti Spíritus de su modorra cotidiana desde que el Buró Político tuvo a bien comunicar su decisión de otorgarle la sede a la provincia en pleno noticiero del mediodía del 11 de junio. Sigue leyendo