Bajo el mostrador

bajo-el-mostradorEl vendedor debió compadecerse cuando me vio allí, parada frente a la tarima con cara de perro triste, justo la cara que se te pone cuando buscas desesperadamente con qué hacer una sopa y apenas distingues boniato, ají cachucha y plátano burro sobre el mostrador. Eso sí, boniato, ají cachucha y plátano burro con sus precios visibles en la tablilla y en total correspondencia con las cotas fijadas para su comercialización.

Pero con boniato, ají cachucha y plátano burro no se hace una sopa para paliar la ingesta —lo que mi abuela llamaba un empacho—, sino con malanga, esa vianda que, no sé en el resto de Cuba, pero en Sancti Spíritus pareciera estar en peligro de extinción. Tú preguntas en los Mercados Agropecuarios Estatales y los dependientes te miran como si anduvieras buscando la pieza de un trasbordador espacial.

Este vendedor, sin embargo, debió percibir que mi malestar generalizado y mi insistencia con la malanga no eran un ardid de inspectora encubierta, sino una mala digestión como Dios manda, porque me miró de arriba abajo, se aseguró de que no hubiese nadie más en varios metros a la redonda y me asestó un “espérate, mima” mientras desaparecía bajo el mostrador con una jaba de nylon. Sigue leyendo

¿La cura contra el fraude eléctrico?

la-cura-contra-el-fraude-electrico“A ver, tía, dónde se lo pongo”, le dio a escoger el operario que llegó, metrocontador infrarrojo en mano, a sustituir el equipo digital que le habían instalado hace apenas unos años.

Tenía que ser en la fachada, por más que ella le explicara a la brigada de la empresa eléctrica que su vivienda estaba en pleno Centro Histórico y que esa caja plástica atornillada a unos centímetros de la puerta lucía fatal. “Lo sabemos, tía —le habían dicho—, pero eso ya no es culpa nuestra; lo de nosotros es dejar instalado el metrocontador infrarrojo y aquí afuera es donde tiene que estar”.

Sonia Guerra, como otros miles de trinitarios que habitan la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, no pensó que los nuevos equipos de medición eléctrica invadieran los gruesos muros de mampuesto levantados a finales del siglo XVIII o principios del XIX, ni que la Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios se rindiese sin siquiera luchar por la preservación de la visualidad urbana, seriamente comprometida con esos artefactos posmodernos.

“Pero donde manda capitán, no manda soldado, así que yo les dije: pónganlo ahí mismo, y ahí mismo está”, sostiene sin disimular demasiado la molestia que había comenzado algunos meses antes, cuando la nueva tecnología saltó del rumor a la realidad. Sigue leyendo

La Trinidad del futuro

La Trinidad del futuroSi algo ha sobrado en los últimos años en Trinidad, la tercera villa plantada por los conquistadores ibéricos en Cuba, ha sido planeamiento estratégico, del tipo que comienza con especialistas midiendo calles y aplicando encuestas, continúa con la elaboración de un diagnóstico del problema y concluye con recomendaciones para el acertado manejo urbano. Llamémosle el know how de la ciudad.

De semejantes recetarios a corto, mediano y largo plazo está repleta la historia reciente de la comarca desde que, a inicios de los 90, el boom del turismo en la región amenazó con hacer colapsar su infraestructura doméstica y a los expertos les dio por redactar manuales, estrategias y hasta un Plan Maestro para preservar un hábitat que la doctora Alicia García Santana ha calificado como un don del cielo.

A decir verdad, han dado resultado. No todo el que se esperaba, es cierto, porque todavía se levantan de un día para otro edificaciones que irrespetan las regulaciones urbanas elaboradas para la zona patrimonial, pero habría que ver el tremendísimo potrero de Don Pío que sería la ciudad sin pautas como esas, que no pocos trinitarios consideran una camisa de fuerza.

Por normar, en la sureña villa se ha normado cada recodo: los usos del suelo en la península de Ancón, esa lengua de tierra que se adentra en el Mar Caribe y que pareciera no tener demasiado espacio disponible para el crecimiento hotelero; los fértiles terrenos del Valle de los Ingenios, con sus parcelas para hostales, museos, instalaciones de servicio y hasta para los cañaverales escenográficos; y, por supuesto, la ciudad misma, tan abarrotada que ya pide a gritos un proceso coherente y orgánico de crecimiento. Sigue leyendo

Se buscan arquitectos para negocios privados

Se buscan arquitectos para negocios privadosEn la vida real, la China es dueña de un restaurante que tiene recibidor, bar, salón con 11 mesas, reservado, baño unisex, cocina, área de conformado, almacén y otro baño para los trabajadores de servicio. Eso es en la vida real, porque en el universo paralelo de las licencias constructivas, el paladar de la China fue remodelado como una casa de vivienda con habitaciones desproporcionadas.

Lo explico tal y como me lo explica ella mientras despliega sobre la barra croquis, esbozos, listados de materiales: “Sucede que tú puedes montar un negocio, ofrecer un servicio público y pagarle puntualmente a la ONAT como elaborador-vendedor de alimentos; pero en los planos, el recibidor aparece como la sala, el salón principal es un cuarto enorme y el reservado viene siendo un cuartico más pequeño. Por suerte, la cocina sí es la cocina, en el paladar y en los planos”.

Sería hasta cómico si no fuese en verdad tan grave: los trabajadores por cuenta propia —que para determinados asuntos funcionan como personas naturales, para otros como personas jurídicas y en algunos casos se mantienen en un limbo preocupante— no pueden contratar al arquitecto que prefieran para que diseñe y calcule sus espacios.

No pueden, básicamente, porque el arquitecto no está autorizado para ejercer su profesión por su cuenta y riesgo, sino subordinado a las grandes empresas estatales, por lo general a cargo de los grandes proyectos constructivos estatales, o subordinado a la red de Oficinas del Arquitecto de la Comunidad, una entelequia cuyo propósito es satisfacer las necesidades de las llamadas personas naturales. Sigue leyendo