Una casa con la guayabera al codo

Cuando en octubre de 2010 la cancillería estableció “el uso de la guayabera como prenda de vestir en los actos del ceremonial diplomático del Estado cubano y de su Gobierno”, Carlo Figueroa y el equipo de promotores voluntarios que había comenzado a revolucionar la vida cultural de Sancti Spíritus lo interpretaron como una conquista personal.

La resolución tomaba en cuenta la autenticidad y cubanía de la prenda, así como la combinación de “elegancia y comodidad para un clima tropical como el nuestro”; pero en el fondo, muy en el fondo, al entonces proyecto sociocultural La Guayabera le enorgullecía que la gestión hubiese surgido de su iniciativa.

En esa época aún no habían plantado bandera en la imponente mansión neoclásica que hoy ocupan en las márgenes del río Yayabo, sino que se la pasaban dando actividades en los barrios periféricos, pidiendo sillas y bafles prestados y recibiendo donaciones de guayeras en cualquier esquina de la ciudad.

Los que vivieron aquella etapa romántica aseguran que fue la mejor, la más inspiradora y que, a la postre, les abrió las puertas de la Quinta Santa Elena, un caserón que el grupo extrahotelero Palmares ya no quería más y que el proyecto casi itinerante La Guayabera ocupó sin pensarlo dos veces.

De aquella etapa inicial, hace ya 10 años, queda el recuerdo de los andares por el barrio de Jesús María, el más marginal de Sancti Spíritus, donde se reportaban elevados índices de violencia y alcoholismo.

“Fue una intervención enriquecedora —evoca Carlo Figueroa, fundador del proyecto La Guayabera y su principal promotor durante toda la década—. Allí constatamos que el consejo popular es el órgano de gobierno más importante. Cuando trabajas de verdad en esos escenarios se pueden lograr muchas cosas”.

Consiguieron, de hecho, revertir las alarmantes estadísticas y, de paso, varios reconocimientos, entre ellos el Premio COSUDE de la Agencia Suiza para el Desarrollo, por su labor contra la violencia de género, y el CIERIC-Uneac, gracias al cual recibieron 6 500 CUC que destinaron a la compra de equipos para el trabajo comunitario.

Pero el verdadero cisma de La Guayabera, lo que marcaría el antes y el después, fue el otorgamiento de la quinta de recreo más famosa de Sancti Spíritus, un local en el que no solo salvaguardarían como Dios manda la valiosa colección que atesoraban, sino que además los puso entre la espada y la pared: o se replanteaban los modos de gestión de su producto cultural o serían incapaces de sobrevivir en la jungla del nuevo modelo económico.

“Decidimos emprender el primer proyecto de la cultura en Sancti Spíritus que funciona bajo los principios de la iniciativa municipal para el desarrollo local —explica Carlo—. A nosotros no nos regalaron el dinero para comenzar, todavía estamos pagando una deuda en el banco, amortizando un crédito. Venimos demostrando que la cultura como producto también puede ser sostenible. Hoy no dependemos de la Dirección Provincial de Cultura y Arte para nada, excepto para los recursos básicos de reparación y mantenimiento del inmueble, pero lo demás va por el proyecto: el salario de los trabajadores, el aporte a la seguridad social, el capital de trabajo completo…”.

¿Cómo concilian intereses aparentemente tan incompatibles como los de la cultura y la economía?

“Hay una máxima que dice que usted no puede gastar más de lo que ingresa y a los artistas no nos gusta vernos metidos en esa balacera tan complicada. Pero yo agradezco la experiencia, porque uno comienza a comprender el costo real de los procesos culturales. Hay poca conciencia de que la cultura puede generar progreso y sostenibilidad; históricamente en Cuba se ha visto como un gasto, para mucha gente es botar el dinero, y la cultura es una inversión, la mejor de todas”.

Con una programación que mantiene la instalación abierta toda la semana, la Casa de la Guayabera ha segmentado los públicos de tal suerte que lo mismo sesionan talleres de manualidades para ancianos, que encuentros de jóvenes admiradores de la caricatura, que conciertos de lujo con artistas de primer nivel. Rentable, lo que se dice rentable, evidentemente sí es.

Para cuando termine de pagar el crédito al banco, que según cálculos aproximados debe ser en 2018, la Casa de la Guayabera estará en condiciones de aportar el 10 por ciento de sus utilidades en divisa al gobierno municipal y otro 10 por ciento a Cultura, y “no para comprar gomas a los carros de los jefes, sino para emplearlo en el desarrollo de la actividad cultural”, advierte Carlo.

Más allá del trauma económico, que los obliga a contar centavo a centavo para garantizar la sostenibilidad, lo que desvela a la veintena de promotores, especialistas y técnicos de la Casa de la Guayabera es mantener a buen recaudo una colección que ya supera las 220 piezas y que presume de inclusiva.

“Hubiera sido muy fácil hacer una colección de guayaberas de personalidades, pero la nuestra tiene prendas que pertenecieron desde al santero más famoso de Sancti Spíritus, hasta la guayabera de Fidel —describe Figueroa—. La de Fidel tiene un tremendo valor simbólico porque fue la que usó en Cartagena de Indias, la primera vez que en un acto oficial no se vistió de verde olivo. Ese es uno de los grandes patrimonios que tiene la ciudad”.

Sin embargo, no por ser Sancti Spíritus la tierra donde presuntamente nació la célebre camisa —un hecho sobre el que los historiadores no se ponen de acuerdo— en estos lares ha bajado ni un ápice el estratosférico precio de la prenda.

En la Casa de la Guayabera, por ejemplo, un artesano las confecciona a petición de los clientes; un artesano que debe pagar impuestos y le agrega a su producto el valor de la manufactura. ¿Resultado? Sus guayaberas están solo al alcance del bolsillo de turistas y cubanos residentes en el extranjero.

Inconcebible, si se tiene en cuenta que a poco menos de 15 kilómetros, en el poblado de Zaza del Medio, hay un taller que se dedica a la confección industrial de guayaberas.

Por qué las dos partes no establecen alianzas para abaratar los costos de la prenda es una inquietud que Carlo responde con una frase a todas luces diplomática: “Es que persisten las incongruencias entre el modelo económico aplicado y la cantidad de resoluciones todavía vigentes, que norman que esto está autorizado y esto también, pero después en la práctica no encuentras cómo concretarlo”.

El reclamo popular de poseer una guayabera puede ser interpretado, en última instancia, como otra conquista del proyecto, resultado tangible de esa especie de cruzada que ha emprendido para sensibilizar al pueblo con su camisa típica.

“Los espirituanos tenían a la guayabera silenciada —considera Carlo Figueroa—. Apenas la reconocían como símbolo, lo cual me parecía una barbaridad. Es una marca de cubanía que sigue siendo perfectamente funcional, que ha caminado el mundo y que, por suerte, está recuperando el espacio perdido en la espiritualidad del pueblo”.

(Publicado originalmente en Progreso Semanal)

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7 comentarios en “Una casa con la guayabera al codo

  1. En realidad en Cuba la guayabera no se usa en la actualidad. Para lograr algo deben bajarse los precios, modernizar su diseño sin perder su esencia, y que se vea siendo usada por conductores y locutores de la TV. Por cierto el personaje que aparece en la foto no la viste tampoco……

    1. Yo imaginaba Cuba, con su gente alegre y divertida, vistiendo esas magnificas guayaberas, en una epoca tan populares. La realidad es algo distinta, creo que no es necesario aclarar, que son muy caras para el “pueblo” y las que se fabrican se destinan a turistas que pagan en “divisa”. En fin, en una ocasión, paseando por Mérida, pude admirar la autentica guayabera, aquella fina prenda que usaban sus habitantes, una prenda “popular”… del PUEBLO !!

      1. Mauchi: Cerca de Sancti Spíritus, tan solo a 8 o 9 km hay un poblado que se llama Zaza del Medio, donde fabrigan Guayaberas de muy buena calidad, de varios colores rojas, blancas, azules, negras, de mangas largas o cortas, según la preferencia y su precio es de entre 5 y 8 dólares en dependecia de las exigencias del comprador, pues se hacen por encargo y para cada persona en específico. En la ciudad del yayabo renace esa tradición y muchas personas que habíamos renunciado a usarlas (como yo), pues pensabamos que eran cosa del pasado, estamos volviendo a asumir esta prenda. Personalmente había regalado tres a amigos míos que son músicos y que las usan para sus actuaciones, pero hace pocos días pasé tremenda verguenza pues tuve que recibir al embajador de Japón en Cuba y aunque estaba relativamente bien vestido, camisa de manga larga etc. me parecío que para la ocasión la guayabera de manga larga era la prenda indicada; alguien mehabló de las de zaza del medio y pude adquirir dos una me costó 120 pesos y la otra 160, que son al cambio oficial 5 y 7 dólares, y quedé satisfecho con su calidad.

        1. Bien, yolimar, creo que ese tipo de emprendimientos son los que sacaran a Cuba palante. Permitir a las personas con iniciativas a que produzcan bienes y servicios para el pueblo. Y volver a las costumbres y usos, que finalmente no eran tan malos. Lo felicito, e imagino usa con orgullo sus guayaberas,. Mis cordiales saludos.

  2. Yo sobre la casa de la guayabera puedo decir que es un lugar perfecto para la juventud, que antes de que abriera no teníamos en Sancti Spíritus a dónde ir que fuera un lugar agradable y a la vez con swing. La programación para los jóvenes está muy buena. Gracias a la gente linda de ahí que hace un trabajo formidable.

  3. La Guayabera es una prenda de vestir elegante, sobre todo si es manga larga. Ya lo de manga corta fue un invento que no tiene mas de 42 anos. Recuerdo que los delegados al 1rer Congreso del PCC, en Diciembre de 1975, usaron esas Guayaberas mangas cortas y de diversos colores, algo que tambien se alejo de la originalidad de la mencionada prenda. Decia Ramon Puig, El Mago de las Guayaberas, que la autentica prenda es de margas largas, de hilo y de color blanco. Una buena Guayabera de hilo confeccionada por Ramon, no bajaba de $150 en 1980. Lo visite con mi papa, que era su amigo desde los anos 50 en su tienda de la calle 8 y la 59 Ave. Ramon Puig, segun fuentes de toda solvencia, confecciono la Guayabera que uso Ronald Reagan en su historica visita a Miami en 1983, en su almuerzo con El Egregio Mas Canosa en La Esquina de Tejas. Y esa misma fuente me aseguro que la prenda costo alrededor de $500. El Mago de las Guayaberas ya murio y desconozco si algun familiar sigue con el famoso taller, que era visitado por presidentes latinoamericanos, renombrados hombres de negocios, abogados y mucha gente importante de Mexico y toda centroamerica, donde la famosa prenda nunca ha pasado de moda.
    Si en Santi Spiritus hacen Guayaberas de calidad al precio que dice Yolimar, creanme, que estan regaladas. Las que venden en Hialeah, tiendas de baja calidad, como “Ño, que barato” y “El Dolarazo”, no duran mas alla de una lavada. Son Made in China y esa es la explicacion de lo barata y tambien de la poca durabilidad.

    En mis multiples visitas a la ciudad yucateca de Merida, pude constatar que la Guayabera y el Danzon son mas populares que en Cuba. Los Viernes en la noche, en el parque central de la ciudad, celebraban las famosas Serenatas, un concurso de Danzon, cuyos participantes eran estudiantes de Secundaria Basica y de Bachillerato, siempre enfundados con una Guayabera blanca. Fue una tradicion de muchos anos, aunque desconozco si hoy en dia sigue viva, pues mi ultima visita a la bella y acogedora ciudad fue en 1997.

    Me sumo a la critica de Albert, que se dio cuenta que el disenador que aparece en la foto de este articulo, no usa Guayabera. Mal ejemplo para quien la hace y para quien la promociona. Ramon Puig, El mago de las Guayaberas, jamas se quitaba esa prenda. Era para el como la Sotana para el Cura.

  4. Si me llama poderosamente la atencion que el presidente Raul Castro y algunos funcionarios cubanos del alto nivel, con frecuencia se les ve vestidos con Guayaberas cuando reciben delegaciones en el Palacio de Gobierno. Lo mismo sucede en la sede del Minrex. El traje con camisa de manga larga y corbata, va cediendo protagonismo a la Guayabera entre la elite politica cubana. En la calle a penas veo esa prenda, a no ser que entre en algun hotel de La Habana, Varadero o los Cayos del norte, donde generalmente los custodios y ejecutivos si la usan.
    Yo no la uso porque mi trabajo requiere del clasico traje y corbata, pero no dejo de reconocer que es una prenda de vestir elegante, sobre todo si es manga larga. En cuanto a la diversidad de colores, los llamados “pasteles”, que son tonos claros como el azul, el amarillo, el beige o el crema, son aceptables, no asi los colores fuertes, como el chocolate , el azul marino o el vino tinto.

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