Archivo de la categoría: Cultura

Panchito, el último cacique

panchito-el-ultimo-caciquePara Francisco Ramírez Rojas, Panchito, no es nada del otro mundo eso de mantenerse aferrado a sus cultos ancestrales, a su comunidad de 11 casitas y 23 personas y a ese paraje perdido en la montaña donde sus antepasados consiguieron sobrevivir.

Para él es lo más natural del mundo, pero para el resto del país que lo mira con extrañeza, La ranchería es una rara avis: el último bastión aborigen de Cuba. Panchito, el último cacique.

Si no fuera porque hace siglos se internaron a más no poder en las lomas del macizo Nipe-Sagua-Baracoa, de los indígenas habría quedado solo el recuerdo, unas cuantas ilustraciones desperdigadas en los libros de historia y los nombres sonoros con que bautizaron lomas, ríos, penínsulas, cayos… cada accidente geográfico bajo sus dominios que, antes de 1492, eran toda la isla.

En la Cuba de estos tiempos, para admirar la herencia indígena más pura hay que llegar hasta La ranchería, un recodo tan intrincado en la sierra guantanamera que hacen falta dos horas a lomo de un camión de triple tracción —un “triple”, a secas, para los lugareños—, por picos y mesetas y valles y hasta la muy temida Loma de la muerte.

Panchito, sin embargo, no consigue imaginar otro sitio fuera de esas montañas para echar raíces con su cacicazgo a cuestas. Sigue leyendo

De agrio, Naranjo solo tiene el nombre

de-agrio-naranjo-solo-tiene-el-nombre—Como decimos los guajiros: “asujétense”.

Para cuando el chofer lo advirtió, ya estaba el jeep WAZ atacado hasta las rodillas en el fango. Hacía casi una semana desde el último aguacero, pero por aquellos rumbos de Dios, con la humedad casi permanente y los árboles tapando por completo el trillo, los charcos pueden durar para siempre. Charcos que luego derivan en imponentes islas de fango.

Si no fuera por la pericia del chofer, Carlos Loforte Babastro, que lleva más de 30 años manejando ese carro salvador sin siquiera haber abierto nunca el motor; si no fuera porque a fuerza de recorrerlos hasta de madrugada se sabe de memoria los bajíos de la zona y cómo salir con vida de ellos, este equipo de prensa habría terminado allí mismo lo que parecía una misión suicida: subir por espalda encorvada del macizo Nipe-Sagua-Baracoa para narrar las historias —no por cotidianas, menos heroicas— de los hombres y mujeres que, ora por decisión personal, ora por estricto cumplimiento del deber, garantizan los servicios de Salud al montañés.

Aunque, a decir verdad, nadie está en esas cumbres de Sagua de Tánamo por estricto cumplimiento del deber. Se puede, incluso, aterrizar de mala gana si uno es un médico graduado en el Vedado y lo mandan a cumplir el servicio social en alguna comunidad de nombre impronunciable, como solía pasar hasta hace unos años, cuando los recién egresados venían a suplir necesidades como si se tratara de un destierro. Lo que no se puede, de ningún modo, es llegar de marcha atrás y no encariñarse a los tres minutos con los pacientes más nobles del mundo. Sigue leyendo

Viaje infinito que apenas comienza

viaje-infinito-que-apenas-comienzaSi el artista de la plástica Wilfredo Prieto, uno de los más reconocidos talentos cubanos del arte contemporáneo, lleva cuatro años intentando emplazar una pieza en su comunidad natal, Zaza del Medio, no es por el mito de que nadie es profeta en su tierra, sino por la propia naturaleza de la obra: una carretera de más de 2 000 metros y cuatro vías de circulación que, sin embargo, no conecta a ningún pueblo ni lleva a ninguna parte.

Viaje infinito se llama la escultura ambiental, inscrita en la corriente mundialmente conocida como Land Art y que, según el autor, viene funcionando como una autopista a escala real que no tiene principio ni fin.

“Si bien una carretera es una vía de dominio y uso público, proyectada y construida para la  circulación de vehículos de transporte, Viaje infinito invierte su tradicional sentido —argumenta Prieto en la fundamentación teórica de la obra—. Más que un emplazamiento espacial, este vial denota un ciclo, enuncia esos sucesos periódicos, habituales, recurrentes en las relaciones de la sociedad contemporánea. En un participar casi performático, el espectador asume un paseo enajenante, abstraído por un contorno vicioso. De algún modo, alude al retorno inconsciente del individuo, sumiéndolo al mismo tiempo en el absurdo y la inverosimilitud”.

Como obra de arte, los más reconocidos críticos y curadores han dado su visto bueno a esta especie de ocho monumental cuyos referentes más cercanos están emplazados en Estados Unidos y Europa. Pero —en el arte contemporáneo siempre hay un pero—, no es lo mismo plantar una isla en forma de cruz en un embalse de Holanda, que una autopista insólita en un matorral del centro de la isla, donde no es precisamente asfalto lo que sobra. Sigue leyendo

¿El fósil de la cultura guajira?

el-fosil-de-la-cultura-guajiraPor suerte para los campesinos cubanos, el Museo Etnográfico Regional de Cabaiguán es solo eso: un museo, una institución cultural de tablas de palma mal pulida y piso de tierra donde pudieron haber filmado escenas de la telenovela Tierra brava. Las escenas de Nacho Capitán, por supuesto, el montero pobre.

“Ya ningún guajiro de por estos contornos vive así”, aclara la especialista Yanet Cardoso Martín, aliviada de que el techo de guano, la tinaja esquinera y la pared tatuada de rendijas se hayan ido extinguiendo y, en su lugar, hayan germinado la placa, el hormigón y el fluido eléctrico. No se puede negar el desarrollo, parece decirme con la vista.

Aunque, para ser justos, algún bohío queda desperdigado por ahí, algún rancho semidestruido donde todavía vive gente como la familia de Leonor Gómez, su esposo Gerardo Rodríguez y sus nueve hijos, que levantaron un batey a pequeña escala con su vivienda, su cobertizo, su rancho vara en tierra, su letrina y su casa de curar tabaco; todo ello a principios de siglo XX sin imaginar que en octubre de 1987 el Estado intentaría congelar aquella imagen de la Cuba de ayer declarándola sitio museable.

Desde entonces, la finca de poco menos de una hectárea está dispuesta de forma tal que recrea la rutina diaria de una humilde familia campesina dedicada al tabaco en las primeras décadas de la República, de esas que aparecen en los libros de historia con los hijos descalzos y las barrigas repletas de bichos. Sigue leyendo

La Trinidad del futuro

La Trinidad del futuroSi algo ha sobrado en los últimos años en Trinidad, la tercera villa plantada por los conquistadores ibéricos en Cuba, ha sido planeamiento estratégico, del tipo que comienza con especialistas midiendo calles y aplicando encuestas, continúa con la elaboración de un diagnóstico del problema y concluye con recomendaciones para el acertado manejo urbano. Llamémosle el know how de la ciudad.

De semejantes recetarios a corto, mediano y largo plazo está repleta la historia reciente de la comarca desde que, a inicios de los 90, el boom del turismo en la región amenazó con hacer colapsar su infraestructura doméstica y a los expertos les dio por redactar manuales, estrategias y hasta un Plan Maestro para preservar un hábitat que la doctora Alicia García Santana ha calificado como un don del cielo.

A decir verdad, han dado resultado. No todo el que se esperaba, es cierto, porque todavía se levantan de un día para otro edificaciones que irrespetan las regulaciones urbanas elaboradas para la zona patrimonial, pero habría que ver el tremendísimo potrero de Don Pío que sería la ciudad sin pautas como esas, que no pocos trinitarios consideran una camisa de fuerza.

Por normar, en la sureña villa se ha normado cada recodo: los usos del suelo en la península de Ancón, esa lengua de tierra que se adentra en el Mar Caribe y que pareciera no tener demasiado espacio disponible para el crecimiento hotelero; los fértiles terrenos del Valle de los Ingenios, con sus parcelas para hostales, museos, instalaciones de servicio y hasta para los cañaverales escenográficos; y, por supuesto, la ciudad misma, tan abarrotada que ya pide a gritos un proceso coherente y orgánico de crecimiento. Sigue leyendo